Los sueños como lenguaje simbólico
Los sueños rara vez se expresan con frases claras. En cambio, llegan a través de imágenes, gestos y combinaciones extrañas que resultan significativas incluso cuando se resisten a la explicación. Esto se debe a que la mente soñadora no se comunica lógicamente, sino simbólicamente. Reúne emoción, memoria e instinto en una taquigrafía visual. Cuando trabajo con imágenes míticas, respondo a este mismo lenguaje interior, permitiendo que los símbolos afloren sin forzar su claridad narrativa. La imagen no se explica a sí misma; habla como lo hacen los sueños.

Por qué la mente prefiere los símbolos a las palabras
En los estados de sueño, la mente racional se relaja y el subconsciente toma el control. Los símbolos se vuelven eficientes porque pueden contener múltiples significados a la vez. Una sola imagen puede transmitir miedo, deseo, recuerdo y esperanza simultáneamente. Las palabras fragmentarían esta complejidad, mientras que los símbolos la preservan. Por eso las imágenes oníricas se perciben densas y cargadas de emoción. En las artes visuales, las formas simbólicas permiten que esa densidad se mantenga intacta, dando cabida a la verdad emocional en lugar de a la certeza intelectual.
El mito como sueño compartido
La imaginería mítica funciona como un sueño colectivo. En distintas culturas, ciertos símbolos reaparecen una y otra vez: semillas, umbrales, espejos, lunas, guardianes y transformaciones. Estas imágenes perduran porque hablan de experiencias psicológicas compartidas. Cuando el mito se introduce en las artes visuales, activa el reconocimiento en lugar de la explicación. El espectador no necesita conocer la historia para percibir el significado. El símbolo resuena porque pertenece a una capa de percepción más profunda y heredada.

Símbolos botánicos y el subconsciente
Las formas botánicas aparecen con frecuencia en los sueños porque reflejan procesos que ocurren inadvertidamente. El crecimiento, la decadencia, el entrelazamiento y la floración no son solo eventos naturales, sino también emocionales. Las raíces evocan conexiones ocultas, los pétalos evocan vulnerabilidad y las semillas albergan potencial. En mi obra, las plantas actúan como símbolos oníricos más que como elementos decorativos. Expresan silenciosamente el movimiento interior, permitiendo que el subconsciente se reconozca a sí mismo sin confrontación.
Por qué los símbolos oníricos nos hacen sentir como personas
Aunque los símbolos son colectivos, su impacto es profundamente personal. La imagen de un sueño resulta íntima porque surge de un material emocional individual. Un mismo símbolo puede significar algo completamente distinto según la memoria, el temperamento y la experiencia vital. El arte visual que utiliza el lenguaje simbólico respeta esta variabilidad. No asigna significado; invita a la proyección. Por eso, las imágenes simbólicas en la pared pueden sentirse como si pertenecieran específicamente a la persona que las vive.

Ver símbolos en la quietud
Los sueños ocurren en estados alterados, pero el reconocimiento simbólico no requiere dormir. Cuando nos detenemos y permitimos que la mirada descanse, la mente simbólica se reactiva. El arte que alberga imágenes míticas fomenta esta quietud. La pared se convierte en una superficie para la contemplación silenciosa en lugar de la estimulación. Con el tiempo, los símbolos se revelan gradualmente, como ocurre con los sueños cuando se recuerdan con suavidad en lugar de analizarlos.
La imaginería mítica como orientación emocional
Los símbolos hacen más que expresar emociones; las orientan. Una imagen recurrente puede convertirse en un referente emocional, algo a lo que la psique recurre en momentos de incertidumbre. Las imágenes míticas ofrecen orientación sin instrucción. No le dicen al espectador qué sentir, pero sugieren dónde podría fijarse la atención. Esta sutil orientación es una de las razones por las que el arte simbólico resulta reconfortante en lugar de abrumador.

Por qué incorporamos el lenguaje de los sueños a los espacios habitables
La colocación de imágenes simbólicas en el espacio cotidiano permite que el subconsciente permanezca presente en la vida de vigilia. Crea continuidad entre el mundo interior y el exterior. En lugar de confinar la experiencia simbólica al sueño, las imágenes míticas le permiten coexistir en silencio con la rutina diaria. El muro se convierte en un umbral donde la lógica del sueño y la percepción de vigilia se encuentran, enriqueciendo la textura emocional del espacio.
Cuando la pared se convierte en una superficie de ensueño
En definitiva, vemos símbolos en los sueños porque la psique piensa en imágenes antes que en palabras. Cuando las imágenes míticas aparecen en la pared, se hacen eco de esta forma original de conocimiento. El espacio se vuelve menos una exhibición y más un diálogo. Los símbolos no exigen interpretación; esperan. En esa espera, ofrecen reconocimiento, profundidad y una sensación de ser comprendidos discretamente.