Por qué el azul se siente como un umbral en lugar de un color
El azul suele describirse como un color de calma o serenidad, pero en el mundo simbólico y mitológico actúa más bien como un umbral. Es el color que separa un reino de otro: el agua del aire, la vigilia del sueño, lo cotidiano de lo sagrado. Cuando uso el azul en mi obra, me conecto con esta antigua noción de transición. En muchas tradiciones, el azul era un color de protección, se usaba como amuleto o se pintaba en las puertas para protegerse de los espíritus indeseados. Sin embargo, también era el color de la añoranza, de la distancia, de mirar más allá de lo que alcanza la vista. Esta doble naturaleza convierte al azul en uno de los tonos más cargados de emoción de mi paleta.

El agua como espejo del inconsciente
El agua siempre ha sido considerada el espejo original, la superficie donde el alma se ve reflejada. En el folclore eslavo y báltico, se creía que los lagos y ríos guardaban la memoria del mundo, almacenando sueños y susurros ancestrales en sus profundidades. El azul se convirtió en el color de esos archivos ocultos. Cuando pinto formas botánicas sumergidas en suaves azules o dejo que los pétalos se fundan en degradados acuosos, busco esa idea de la memoria emocional. El azul posee una lógica fluida, una que refleja el inconsciente. Se revela en ondas, no en declaraciones, y me apoyo en esa suavidad al crear escenas que se sienten intuitivas en lugar de literales.
El cielo como reino de la distancia divina
Mientras el agua se retrae, el cielo se extiende hacia afuera. El cielo azul ha representado durante mucho tiempo la separación divina, el espacio donde habitan dioses, espíritus o seres celestiales. En los sistemas de creencias antiguos, el cielo no estaba vacío; estaba poblado, atento y, a veces, implacable. El azul, como color del cielo, se convirtió en un velo protector, una cúpula espiritual. Descubro que cuando introduzco suaves tonos azules celestes en mi obra —a través de pétalos brillantes, degradados brumosos o formas flotantes— la composición de repente se siente observada por algo inmenso. Aporta una sensación de perspectiva, un recordatorio de que no todo lo visible existe en la tierra. El azul se convierte en un guardián silencioso, a la vez distante y profundamente presente.
El azul como color de la intuición
Psicológicamente, el azul se asocia con la claridad, pero la claridad intuitiva rara vez es nítida. Es un reconocimiento gradual, un silencioso cambio interior, el momento en que algo cobra sentido antes de poder explicarse. En mi arte, el azul encarna este tipo de escucha interior. Suaviza los contornos de las formas, dejando espacio para la ambigüedad y la duda. Crea espacios de quietud dentro de la imagen. Cuando los espectadores reaccionan ante mis composiciones azules, a menudo describen una sensación de introspección o de extraña comprensión. Esa reacción me fascina porque refleja la sensación de la intuición: sutil, difusa y profundamente personal.

Azul como protección divina
En diversas culturas, el azul ha sido el color de la protección. Se creía que los amuletos en tonos azules, desde cuentas de nazareo hasta iconos pintados, alejaban la maldad. Se tejían hilos azules en las prendas para proteger a los niños. Antiguamente, los marcos de las puertas en los pueblos mediterráneos se pintaban de azul para distraer o repeler a los espíritus errantes. Esta función protectora se integra instintivamente en mi obra. Al colocar un núcleo azul profundo dentro de una flor surrealista o al enmarcar formas botánicas con un halo azul, siento como si creara un pequeño santuario dentro de la obra: un refugio simbólico donde la emoción puede expresarse con seguridad.
El Portal de los Sueños: El Azul como Entrada a lo Imaginal
El azul se asocia desde hace mucho tiempo con los sueños, las visiones y los estados alterados de conciencia. Muchos códices oníricos describen los entornos azules como lugares donde el significado se transforma o donde el soñador encuentra guía. En los cuentos de hadas, las flores azules aparecen como señales del destino o como guías hacia verdades ocultas. En las tradiciones esotéricas, la luz azul es el color del viaje astral o del sueño lúcido.
Cuando pinto pétalos azules que parecen brillar o distorsionarse, me inclino hacia esa lógica onírica. El azul se convierte en un portal, más que en un pigmento. El espectador lo atraviesa emocionalmente, entrando en un espacio que obedece a reglas distintas. No es surrealismo por el surrealismo mismo; es arquitectura onírica simbólica.
El azul y la textura de la reflexión emocional
La reflexión no siempre es pacífica. A veces es una confrontación con lo que el agua revela. A veces es azul porque la verdad es difícil de alcanzar. La textura ayuda a transmitir esa cualidad emocional en mi obra. El grano hace que el azul parezca desgastado, como si la memoria misma tuviera textura. Un ligero ruido añade turbulencia emocional. Los degradados suaves crean la ilusión de la respiración o la marea.
A través de la textura, el azul se convierte en un estado de ánimo más que en un matiz. Se comporta como un clima interior, oscilando entre una claridad serena y una opacidad tormentosa.

Magia botánica a través de la lente azul
Cuando las flores aparecen azules, pierden su conexión con la tierra y se acercan al mito. Las plantas azules son raras en la naturaleza, lo que las convierte en símbolos poderosos. En la tradición eslava, una flor azul podía revelar el destino o romper un hechizo. En los relatos celtas, las flores azules solo crecían en lugares tocados por el Otro Mundo.
Mis flores azules evocan esa sensación de imposibilidad. Parecen ligeramente sobrenaturales, menos plantas y más mensajeras espirituales. Su brillo, su distorsión, sus formas suspendidas contribuyen a la impresión de que comunican en lugar de decorar. El azul convierte la forma floral en un presagio de movimiento emocional.
El alma de la intuición
En definitiva, el azul en mi obra se convierte en el color del alma intuitiva. Guarda la memoria del agua, el aliento del cielo, el pulso de la protección y la puerta a los sueños. Es un color que mira hacia afuera y hacia adentro simultáneamente.
Cuando los espectadores se adentran en una obra donde predomina el azul, espero que sientan que algo cambia: una conciencia silenciosa, una emoción reflejada, una sensación de ser invitados a su propia profundidad.
De este modo, el azul se convierte en algo más que un color. Se convierte en guía.