Donde comienza mi lenguaje de colores del tarot
Cada vez que trabajo con el color, siento que entablo un diálogo con algo más antiguo que yo: un sistema simbólico que abarca la intuición, el mito y el conocimiento interior. El tarot siempre ha influido en mi comprensión del color porque trata las emociones como complejas, cambiantes y vivas. No oculta las contradicciones; las acoge. Cuando creo una obra, los colores se comportan como arquetipos emocionales. Portan sus propias intenciones, sus propios ritmos, sus propias formas de verdad. Mi trabajo suele comenzar con este espectro: lo luminoso, lo sombrío, lo suave, lo eléctrico; todos interactúan como las cartas del tarot se comunican entre sí en una tirada.
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Colores claros como aperturas emocionales
En el tarot, los colores claros suelen marcar un punto de entrada a la claridad o la esperanza, y me inspiro en esa lógica en mi trabajo. Los rosas pálidos se comportan como una revelación sutil, de esas que surgen del corazón más que de la mente. Los amarillos suaves actúan como una pequeña puerta hacia la consciencia. Los blancos y los tonos plateados resplandecen en mis composiciones como invitaciones a respirar de nuevo tras un largo invierno interior. Estos matices no dominan la obra; la guían. Abren un espacio dentro de la composición donde la emoción puede aflorar sin temor. Cuando uso colores claros, no solo ilumino la imagen, sino que creo un instante de respiro interior.
Colores oscuros como profundidad y memoria
Los tonos oscuros encierran una sabiduría distinta. En el tarot, las sombras no son castigos; son lecciones, raíces, comienzos. Mi uso del negro suave, los azules tinta y los violetas profundos surge de esta comprensión. Estos matices conforman el terreno emocional sobre el que se asienta el resto de la paleta. Contienen la memoria, la complejidad y las partes silenciosas de la psique que necesitan la oscuridad para crecer. En muchas de mis obras, los tonos oscuros crean un umbral interno: un campo crepuscular donde los símbolos se congregan antes de hacerse visibles. Para mí, la oscuridad no es vacío, sino tierra fértil.

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El neón como activación y revelación
Los tonos neón irrumpieron en mi obra como si siempre hubieran estado esperando un lugar donde posarse. Poseen una inconfundible energía tarotiana: una revelación repentina, un destello de verdad, una señal intuitiva. Los verdes neón evocan un despertar. Los rosas neón vibran con tensión emocional y fuego interior. Los azules eléctricos se comportan como una señal psíquica, disipando la incertidumbre con una claridad nítida. Estos pigmentos actúan como catalizadores en mis composiciones. Despiertan formas, activan símbolos y revelan lo que antes permanecía oculto en las sombras. Cuando el neón perfila una forma o ilumina un rostro, se convierte en un anuncio energético: algo está cambiando.
El arco emocional del Tarot
Cuando pienso en el simbolismo de los colores del tarot, pienso en arcos emocionales más que en significados fijos. Los colores cambian según el contexto. Un tono cálido puede volverse suave o intenso. Un azul puede ser espiritual o doloroso. Un rojo profundo puede ser arraigado o explosivo. Esta fluidez refleja la energía que intento plasmar en mi obra. A menudo coloco colores contrastantes uno junto al otro, no para provocar impacto, sino para permitir que las emociones se contradigan. Un tono sereno junto a un destello neón evoca el momento en que un pensamiento se convierte en una revelación. Una sombra junto a un resplandor representa la vulnerabilidad encontrándose con la valentía. La obra se transforma en una expresión emocional más que en una imagen estática.

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Mundos interiores construidos a través de la tensión cromática
A menudo concibo mis obras como paisajes emocionales. Los colores construyen la atmósfera, dando forma a un mundo que se siente vivido, simbólico y con una rica textura psicológica. La tensión entre los matices se convierte en la arquitectura del mundo interior. Los colores suaves calman, los oscuros arraigan, los neón encienden. Al encontrarse, forman una suerte de geometría emocional. Un ojo como un portal rodeado de neón podría representar el despertar. Una flor que emerge de la oscuridad podría representar el surgimiento emocional. Un rostro reflejado con tonos turquesa y rosa podría representar la dualidad interior. Estas combinaciones conforman paisajes a los que el espectador accede de forma intuitiva, más que lógica.
La lógica del tarot y mi lenguaje simbólico
El tarot siempre me ha ofrecido una estructura para comprender el simbolismo del color. Cada tono se integra en un sistema emocional más amplio. Al trabajar, no ilustro cartas del tarot; dibujo sobre la forma en que el tarot organiza las emociones. El rosa se convierte en el corazón. El negro, en la noche que lo protege. El neón, en la chispa que lo transforma. El azul, en el aliento que lo impulsa. Estas conexiones moldean mis decisiones artísticas más que cualquier plan consciente. La lógica del tarot se despliega a través de la paleta mientras construyo el mundo simbólico en la página.

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Cuando los colores se comportan como arquetipos
En muchas obras, el color se comporta más como una figura que como una superficie. Un resplandor se convierte en voz. Una sombra, en recuerdo. Un destello de neón, en profecía. Aquí es donde mi influencia del tarot se hace más evidente: trato los colores como arquetipos, cada uno portador de una narrativa y una frecuencia emocional. Se mueven en torno a otros, a veces chocando, a veces fusionándose, revelando siempre algo mayor que la suma de sus tonalidades. A través de ellos, puedo expresar contradicciones —miedo y ternura, intuición y confusión, claridad y misterio— simultáneamente.
Por qué el espectro emocional del Tarot importa en mi trabajo
El espectro emocional del tarot me importa porque refleja mi comprensión de la transformación. Ninguna emoción existe aislada; todo forma parte de un ciclo. La luz necesita de la oscuridad, la oscuridad necesita de la luz, el neón necesita de ambas para tener significado. Mi obra existe en estos umbrales, en los lugares donde los colores cambian de identidad y la emoción se vuelve fluida. Ahí es donde el mundo interior se siente más vivo. Ahí es donde habla la intuición.
En definitiva, mi arte no se trata de reproducir el simbolismo del tarot. Se trata de traducir su lógica emocional: cómo el color se convierte en experiencia, cómo la experiencia se convierte en significado y cómo el significado se convierte en un mundo visual que alberga tanto suavidad como intensidad. La paleta se transforma en un espectro vivo, un espejo simbólico del ser, una invitación silenciosa a los paisajes que llevamos dentro.