Por qué sigo volviendo al dibujo ingenuo
Recurro una y otra vez al dibujo naif porque me permite conectar con la sensación sin traducirla en performance. El dibujo naif no le pide permiso a la técnica. Surge del impulso, de la respuesta, de la necesidad de plasmar algo antes de que desaparezca. En mi obra, esta cualidad importa más que el refinamiento. Mantiene vivo el dibujo, más que correcto.

La ingenuidad como elección consciente
El dibujo ingenuo suele malinterpretarse como falta de habilidad, pero para mí es una postura deliberada. Optar por no suavizar, perfeccionar o controlar excesivamente una línea es una forma de proteger la verdad emocional. Cuando la mano duda, se repite o presiona con demasiada fuerza, esa vacilación se convierte en parte del significado. La ingenuidad aquí no es ignorancia. Es confiar en el instinto por encima del pulido.
Honestidad emocional versus control visual
La habilidad técnica ofrece control, pero el control puede distanciar la emoción. Cuando un dibujo se vuelve demasiado resuelto, puede empezar a hablar más de competencia que de experiencia. La honestidad emocional se comporta de manera diferente. Permite que la torpeza, el desequilibrio y el exceso permanezcan visibles. En mis dibujos, estas cualidades no son defectos. Son evidencia de que algo real ha pasado por la imagen.

Por qué el cuerpo lee los dibujos ingenuos de forma diferente
Existe una respuesta corporal al dibujo ingenuo que elude el análisis. Las líneas irregulares, las figuras desproporcionadas y las formas simplificadas se procesan como gestos en lugar de representaciones. El sistema nervioso reconoce la inmediatez. Se siente más cercano a la escritura a mano que a la ilustración. Por eso, los dibujos ingenuos suelen transmitir intimidad. No representan la distancia.
Raíces históricas de la expresión ingenua
El dibujo ingenuo ha existido desde hace mucho tiempo fuera del ámbito académico. El arte popular, el arte marginal, los dibujos infantiles y las marcas rituales priorizaban el significado y la presencia sobre la corrección. Estas tradiciones valoraban la expresión como comunicación, no como exhibición. Me siento conectado con este linaje, donde el dibujo funciona como registro, protección o liberación emocional, más que como prueba de dominio.

Formas ingenuas como contenedores emocionales
Las formas simples y las figuras directas actúan como contenedores de sentimientos. Cuando la forma se despoja de complejidad, la emoción tiene más espacio para resonar. Un rostro dibujado con mínimos detalles puede transmitir más intensidad que uno realista porque deja espacio para la proyección. En mi obra, las formas ingenuas permiten que la emoción se asiente sin ser sobredefinida.
La imperfección como lugar de verdad
La imperfección es donde entra la honestidad. Una simetría torcida, una composición desequilibrada, una corrección repetida, todo revela la toma de decisiones en tiempo real. Estas marcas muestran duda, insistencia y retorno. Me interesan estos momentos porque reflejan procesos emocionales. El sentimiento rara vez es eficiente. Circula, revisita y se ajusta.

El riesgo de esconderse detrás de la habilidad
La habilidad puede convertirse en un escudo. Puede proteger al artista de la vulnerabilidad ofreciendo, en cambio, algo impresionante. El dibujo ingenuo elimina ese escudo. Expone la intención sin armadura. Esta exposición es incómoda, pero también es lo que permite al dibujo comunicar sin distancia. La imagen no impresiona. Confiesa.
Por qué los dibujos ingenuos parecen accesibles
La gente suele reaccionar a los dibujos ingenuos con reconocimiento, más que con admiración. Se sienten accesibles porque no exigen experiencia para ser comprendidos. El espectador no se siente puesto a prueba. En cambio, se le invita a un espacio emocional compartido. Esta accesibilidad no simplifica la obra. La hace abierta.

La precisión emocional por encima de la perfección estética
Me interesa más la precisión emocional que la perfección estética. Un dibujo que captura la intensidad, la tensión o la fragilidad de un momento me importa más que uno que demuestre control. El dibujo ingenuo prioriza esta precisión manteniéndose cerca de la sensación. No refina la emoción hasta convertirla en algo aceptable. La mantiene lo suficientemente cruda como para que siga siendo auténtica.
Por qué el dibujo ingenuo sigue siendo importante
En una cultura saturada de imágenes refinadas y despliegue técnico, el dibujo ingenuo ofrece un ritmo alternativo. Relentiza las cosas. Centra la atención en la experiencia, no en la ejecución. Para mí, sigue siendo uno de los lenguajes visuales más honestos que existen. Permite que el dibujo recupere su función original: expresar algo que necesita perfeccionarse.