Formas híbridas como lenguaje emocional
Cuando creo criaturas híbridas —parte botánica, parte animal, parte humana— no me limito a combinar formas para generar intriga visual. Estas formas surgen de una necesidad emocional de expresar estados inexistentes en el cuerpo común. Una figura de pájaro-planta o una figura de serpiente-enredadera me permite traducir experiencias internas a formas visibles. En el folclore, los híbridos solían encarnar la transformación, la liminalidad o la intervención espiritual. En mis obras, se convierten en metáforas emocionales, que mantienen la tensión entre la vulnerabilidad y el poder, el arraigo y el movimiento, la suavidad y el peligro. Su extrañeza les confiere una veracidad que el realismo no puede alcanzar.

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La planta-pájaro como espíritu de ascenso
El híbrido de pájaro y planta que aparece en mi obra encarna el anhelo de elevación, sin perder la conexión con la tierra. Alas y plumas sugieren vuelo, aspiración y alcance espiritual, pero el cuerpo botánico ancla a la criatura en la realidad orgánica. Esta dualidad refleja momentos en los que me siento lista para crecer más allá de los límites familiares, pero aún siento raíces emocionales que me sostienen. En muchas culturas, las aves transportan almas, mensajes o presagios entre mundos. Al fusionarse con formas vegetales, expresan el deseo de elevarse sin romper la conexión con el origen. El resultado es una figura que se siente a la vez etérea y arraigada, albergando espacio para una transformación esperanzadora.
La Serpiente-Vid como Instinto Encarnado
La figura de la serpiente-enredadera surge de un territorio emocional distinto. Su cuerpo alargado, curvado como una espina o un zarcillo, sugiere movimiento instintivo. La serpiente ha sido durante mucho tiempo un símbolo de instinto, peligro, sanación y renovación, mientras que las enredaderas representan crecimiento y entrelazamiento. Al fusionar ambas, exploro la idea de cómo el instinto se entrelaza con los patrones emocionales. La forma puede resultar protectora o amenazante según su postura. Representa la forma en que la intuición se enrosca en nuestro interior: a veces guiándonos, a veces constriñéndonos. La serpiente-enredadera se convierte en una encarnación visual de las fuerzas internas que moldean el comportamiento emocional bajo la conciencia.
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Raíces folclóricas de las criaturas híbridas
En el folclore eslavo, báltico y mediterráneo, los seres híbridos solían marcar umbrales entre mundos. Espíritus del bosque con rasgos animales, guardianes con cuerpo vegetal o raíces con forma de criatura aparecían en historias donde los humanos se adentraban en territorio sobrenatural. Estos seres advertían, protegían o guiaban. Cuando creo híbridos, me siento conectado con esa tradición narrativa. Las criaturas se convierten en guardianes de los límites emocionales, señalando el cambio o el peligro como lo hacían antaño los cuentos populares. Sugieren que el mundo natural contiene fuerzas ocultas, haciéndose eco de las creencias de las aldeas de que las plantas o animales inusuales tenían un significado espiritual.
Las plantas como cuerpos, los cuerpos como plantas
Una de las razones por las que vuelvo a los híbridos botánicos es la forma en que las plantas reflejan estados emocionales. Las raíces se aferran, los tallos se extienden, las flores se abren o se cierran según las condiciones. Traducir el cuerpo a estructuras similares a las de las plantas me permite expresar físicamente el movimiento emocional. Un torso ramificado sugiere posibilidad; un zarcillo enroscado insinúa retirada. Cuando las alas o las escamas emergen de estas estructuras, amplifican el mensaje emocional. El cuerpo híbrido se convierte en un mapa de sentimientos, que traza cómo las emociones crecen, se contraen o florecen.

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Lo siniestro como verdad emocional
Las criaturas híbridas a menudo resultan inquietantes, casi familiares pero inquietantes. Esta sensación refleja experiencias emocionales que desafían cualquier categorización simple. Cuando los espectadores se encuentran con una forma de pájaro-planta o de serpiente-enredadera, pueden sentir curiosidad, incomodidad o reconocimiento. Esa reacción es importante. Lo inquietante invita a la introspección, impulsando al espectador a confrontar emociones que existen entre categorías: amor mezclado con miedo, deseo eclipsado por la duda, confianza entrelazada con incertidumbre. Al presentar algo imposible, la obra de arte revela realidades emocionales que rara vez se reconocen.
Tutela a través de la transformación
Algunas de mis figuras híbridas transmiten una sensación de protección. Sus formas inusuales crean un límite alrededor de la presencia central de la obra. Como guardianes folclóricos colocados en portales o espacios sagrados, se interponen entre el espectador y fuerzas invisibles. La serpiente-enredadera puede enroscarse protectoramente, mientras que la planta-pájaro puede flotar como un espíritu vigilante. Su hibridez les otorga un poder derivado de múltiples fuentes simbólicas. Se convierten en guardianes de la vulnerabilidad emocional, reconociendo el miedo a la vez que ofrecen una sensación de compañía y resiliencia.
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La fantasía como realidad emocional
Para mí, la fantasía no funciona como escape. En cambio, proporciona una forma de articular verdades emocionales que el realismo no puede contener. Criaturas híbridas transforman estados internos invisibles en formas visibles. Permiten que la imaginación se solidifique en presencia simbólica. Al crearlas, siento que doy forma a la intuición, el instinto o el anhelo. En la pared, estos seres se convierten en espejos emocionales, ayudando al espectador a reconocer aspectos de sí mismo que se sienten fragmentados o fluidos. La fantasía se vuelve realidad en el sentido de que expresa algo profundamente sentido y experiencialmente verdadero.
Por qué los híbridos resuenan hoy en día
Creo que las criaturas híbridas resuenan porque reflejan la complejidad de la vida emocional contemporánea. Rara vez sentimos una sola cosa a la vez. Estamos arraigados e inquietos, esperanzados y cautelosos, racionales e instintivos. Las formas híbridas encarnan esta existencia en capas. Reconocen que la identidad no es fija, sino que cambia y crece constantemente. Cuando los espectadores conectan con estas figuras, a menudo ven partes de sí mismos expresadas simbólicamente. La obra de arte se convierte en un compañero para navegar la transformación emocional.

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Vivir con símbolos híbridos
Cuando estas piezas habitan un espacio, evolucionan continuamente con el espectador. Nuevos detalles emergen con el tiempo, y el significado del híbrido puede cambiar según el contexto emocional. La planta-pájaro puede parecer ambiciosa un día y frágil al siguiente. La enredadera-serpiente puede parecer protectora o intensa según el estado de ánimo. Esta fluidez permite que la obra actúe como una presencia simbólica viva, anclando la fantasía en la experiencia cotidiana y transformando la realidad emocional mediante la imaginación.
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