Donde comienza mi atmósfera gótica del tarot
Los elementos góticos en mi obra no surgieron de una afición por el drama o la teatralidad visual. Emergieron silenciosamente, casi instintivamente, mientras buscaba un lenguaje capaz de albergar tanto la sombra como la claridad. El tarot me ofreció ese lenguaje. La estética gótica le dio un hogar. Cuando trabajo en este mundo, no recreo cartas tradicionales ni símbolos históricos; construyo una arquitectura emocional. La oscuridad se convierte en mi base, la luz en mi revelación, y los símbolos que fluctúan entre ambas se transforman en formas vivientes de intuición. Mis piezas de tarot gótico existen en la tensión entre el ocultamiento y la iluminación, donde el mundo interior se hace visible a través de un brillo suave y surrealista.

La oscuridad como profundidad emocional
En mi obra, la oscuridad siempre ha sido sutil, no severa. Utilizo el negro y la sombra no para oscurecer el significado, sino para profundizarlo. El negro suave me evoca un cálido campo nocturno, capaz de contener todo el peso emocional que mis símbolos transmiten. Esta oscuridad se comporta casi como tierra fértil: el lugar donde la transformación se gesta, donde la intuición se agudiza, donde el significado se acumula antes de emerger. Cuando sitúo un símbolo inspirado en el tarot dentro de esta suavidad, se vuelve más nítido, más resonante, más sincero. La oscuridad es la profundidad emocional que permite que los elementos simbólicos emerjan con claridad, en lugar de con ruido.
La luz como revelación
Donde reina la oscuridad, la luz se revela. Mi imaginería gótica del tarot se basa en esta danza. Suelo usar colores luminosos, bordes neón o un suave resplandor interno para crear una revelación; no una revelación dramática, sino una comprensión serena que emerge como un suspiro. Una semilla brillante se convierte en un momento de reconocimiento. Un pálido brillo rosa se transforma en ternura que surge de las sombras. Un delicado halo alrededor de una figura botánica se convierte en la intuición tomando forma. La luz en mi obra no disipa la oscuridad; se mueve dentro de ella, trazando senderos suaves donde la mirada puede reposar y la mente puede fluir. Esta interacción refleja cómo siento el tarot: no es adivinación, sino revelación a través del contraste.

Figuras simbólicas dentro del espacio liminal
Los símbolos que aparecen en mis composiciones de tarot gótico —ojos, semillas, flores retorcidas, criaturas híbridas— habitan un espacio liminal entre lo conocido y lo imaginado. No son figuras literales del tarot; son ecos emocionales de arquetipos. Una flor reflejada podría susurrar la dualidad de Los Enamorados. Una curva serpentina podría portar la transformación cíclica de la Muerte. Un orbe flotante podría contener la quietud intuitiva de La Suma Sacerdotisa. Estas formas no recrean una carta; interpretan la lógica emocional que subyace a ella. Se comportan como fragmentos de sueños, claves arquetípicas o pequeñas señales psíquicas que emergen de las sombras.
Imágenes botánicas como simbolismo interno
Los motivos botánicos son esenciales en mi interpretación de la energía del tarot gótico. Las plantas crecen en silencio, en la oscuridad, en direcciones impredecibles, al igual que el cambio interior. Mis flores retorcidas y semillas brillantes se convierten en metáforas de lo que evoluciona dentro de nosotros. Un tallo contorsionado refleja la tensión emocional. Una flor iluminada desde dentro revela la valentía de la vulnerabilidad. Una semilla que flota en la composición se convierte en un portal de transformación. Estos símbolos se sienten vivos, no decorativos. Contienen las contradicciones emocionales que suelen expresar los arquetipos del tarot: suavidad y tensión, claridad y misterio, belleza e inquietud.

Lo inquietante y sutil como portal emocional
Gran parte de mi trabajo con el tarot gótico se basa en lo siniestro sutil: esa sensación de encontrar algo ligeramente extraño pero a la vez íntimamente familiar. Esta atmósfera siempre ha sido esencial para mí. Permite que la obra abra una puerta emocional sin abrumar al espectador. Un ojo extraño puede transmitir protección en lugar de inquietud. Una flor deformada puede resultar veraz en lugar de perturbadora. Esta sutileza en lo siniestro refleja el terreno emocional de la adivinación: el momento en que algo interior emerge a la superficie de una forma inesperada, pero que se comprende de inmediato.
El color como código emocional
Mi paleta de colores juega un papel crucial en la creación de la atmósfera de mis piezas de tarot gótico. Los negros profundos anclan el ambiente. Los verdes neón agudizan la intuición. Los rosas luminosos palpitan con ternura. Los tonos turquesa se comportan como un conocimiento silencioso. Estos colores actúan como códigos emocionales más que como ilustraciones. Crean vibración, tensión y ambiente. Cuando un símbolo inspirado en el tarot se encuentra con esta paleta, su significado emocional se vuelve más inmediato. El color se convierte en el puente entre la antigua estructura simbólica y el lenguaje emocional del presente.

La textura como atmósfera espiritual
La veta, la bruma y el ruido cromático en mis obras no son decoración estética, sino atmósfera. Crean la sensación de que la obra respira, vibra, se transforma. La textura da vida a la oscuridad en lugar de hacerla plana. Otorga a la luz la suavidad del resplandor de una vela o del reflejo de la luna. Convierte los símbolos del tarot en presencias, no en objetos. A través de la textura, mi mundo gótico del tarot adquiere su temperatura emocional: una mezcla de tenue quietud, electricidad silenciosa y movimiento onírico.
Por qué el Tarot Gótico Resuena con mi Práctica
Recurro a la estética gótica del tarot porque me permite hablar con honestidad sobre la contradicción emocional. Oscuridad y luz coexisten. Vulnerabilidad y fortaleza se entrelazan. El misterio encierra ternura. La intuición surge de la quietud. Los arquetipos del tarot me brindan un marco para estas verdades, pero es a través de mis colores, texturas y símbolos que se vuelven personales. Mi obra no es una baraja de tarot; es un diario visual de los estados mentales que el tarot siempre me ha ayudado a comprender.
En mis piezas de tarot gótico, los símbolos no son instrucciones, sino invitaciones. Invitan al espectador a un mundo interior sereno, moldeado por la sombra, el brillo, la intuición y la alquimia botánica. Es aquí donde mi práctica cobra mayor vida: en el espacio donde la luz revela lo que la oscuridad ha mantenido oculto, y donde los símbolos hablan el lenguaje de la emoción en lugar de la predicción.