Donde comienza mi conexión con el simbolismo del giallo
Cuando pienso en el lenguaje visual que moldeó mi imaginación emocional, la tradición del giallo es una de las primeras que aflora. No por su violencia o impacto, sino por su atmósfera psicológica: la tensión cromática, el detalle obsesivo, la sensación de que algo simbólico palpita bajo cada fotograma. En mi obra, no recreo el género. En cambio, me inspiro en su arquitectura emocional: cómo un objeto se convierte en una pista, cómo un color en una advertencia, cómo una sola mirada puede contener toda una narrativa. Mi surrealismo femenino posee esa misma energía interior, pero suavizada, ritualística, más introspectiva que confrontativa.

Cómo las flores se convierten en evidencia psicológica
Las flores aparecen con frecuencia en mi obra, pero rara vez se comportan como ilustraciones botánicas. Bajo la influencia del simbolismo del giallo, se sienten más como portadoras de claves emocionales. Un pétalo retorcido en una forma imposible sugiere una incomodidad que no puede expresarse verbalmente. Una flor que resplandece con un rosa ácido se convierte en un signo de intensidad emocional. Un tallo que se dobla bruscamente en un espacio de suave negrura se comporta como un fragmento de memoria que intenta revelarse. Mis flores no son delicados adornos. Son evidencia psicológica: símbolos que emergen cuando algo interno exige ser reconocido. Florecen en los límites de la intuición, donde la belleza y la inquietud coexisten.
Los ojos como vigilancia emocional
Los ojos en mi obra —a veces desproporcionadamente grandes, a veces fragmentados, a veces multiplicados— nacen del mismo instinto que anima los primeros planos del giallo: la idea de que el ojo no es pasivo, sino activo, que observa, expone, insiste. En mi surrealismo femenino, el ojo no amenaza; revela. Refleja estados emocionales difíciles de nombrar. Un ojo rodeado de pétalos luminosos se convierte en un oráculo. Un ojo flotando en la oscuridad se convierte en un momento de súbito autoconocimiento. Un ojo partido en dos se convierte en un diálogo entre el deseo y el miedo. Estos ojos simbólicos no son espectadores. Son participantes del ritual, espejos de la psique.

El color como suspenso emocional
La tradición del giallo me enseñó que el color puede transmitir tensión mucho antes que la narrativa. En mi arte, el color se convierte en suspense emocional. El verde ácido se siente como una premonición. El negro suave evoca una habitación conteniendo la respiración. El rojo luminoso se interpreta como una advertencia emocional. El rosa intenso se siente como una confesión que se resiste a callar. Al mezclar estos tonos con formas botánicas y marcas rituales, creo atmósferas donde el color mismo se siente vivo, casi sensible. Mi paleta transmite la tensión de la revelación: el instante previo a que algo interior se cristalice.
Marcas rituales y evidencia simbólica
En mis composiciones suelen aparecer pequeñas marcas y símbolos que recuerdan a sigilos: rasguños de luz, líneas curvas, sutiles destellos de neón que interrumpen la suavidad. Estas marcas son mi forma de crear un ritual psicológico. Funcionan como evidencia simbólica en una escena de giallo, pero en lugar de apuntar hacia afuera, apuntan hacia adentro. Una fina línea ascendente se convierte en un cambio de dirección emocional. Una espiral actúa como un eco psíquico. Un corte nítido y brillante se convierte en la huella de un momento que transformó algo en nuestro interior. Estas marcas rituales crean una corriente subterránea de significado: silenciosa, deliberada, cargada de emoción.

El surrealismo femenino como investigación emocional
Mi obra es femenina no solo por su temática, sino por la sensibilidad emocional que subyace a los símbolos. Abordo las imágenes como una investigadora del mundo interior, pero con delicadeza; con una receptividad sutil en lugar de una exposición cruda. La influencia del giallo añade intensidad, contraste y tensión psicológica. El surrealismo femenino aporta ternura, vulnerabilidad y comprensión intuitiva. Juntas, me permiten crear composiciones atmosféricas e introspectivas, como escenas oníricas donde la emoción es la protagonista.
La textura como campo de tensión
La textura juega un papel crucial en el equilibrio entre la nitidez de mis colores y símbolos. Grano, bruma, suavidad en los bordes, distorsiones sutiles: estos elementos crean la sensación de que algo vibra bajo la superficie. La textura se convierte en la niebla emocional donde la claridad se va perfilando lentamente. Aporta calidez a las paletas frías. Da profundidad a las sombras. Permite que los elementos luminosos ardan con discreción. A través de la textura, puedo albergar tensión y compasión en un mismo espacio, una cualidad que evoca el ambiente psicológico del giallo, a la vez que se integra plenamente en mi universo.

Por qué el giallo resuena con mi lenguaje simbólico
Recurro al simbolismo inspirado en el giallo porque refleja mi interés por los umbrales emocionales: el instante previo a la comprensión, la insinuación antes de la revelación, el símbolo antes de la historia. Las flores se convierten en detonantes emocionales. Los ojos, en portales de reconocimiento. El color, en suspense. La textura, en aliento. Cada elemento actúa como una pista, no hacia un misterio externo, sino hacia uno interno. Mi arte utiliza estos motivos para explorar lo que sentimos antes de comprenderlo plenamente: los rituales psicológicos que llevamos a cabo en nuestro interior, los símbolos que creamos instintivamente para navegar por nuestro mundo interior.
En definitiva, mi surrealismo femenino no trata sobre el peligro ni el miedo, sino sobre la iluminación. Trata sobre el uso de la intensidad, el símbolo, el color y la textura para desvelar la verdad emocional. El giallo resuena en mi obra no a través de la violencia, sino a través de la atmósfera: a través de la silenciosa y luminosa insistencia de que algo significativo aguarda bajo la superficie.