Cuando la realidad comienza a deslizarse
Gaspar Noé tiene una forma especial de filmar el momento en que la realidad empieza a disolverse: cuando lo familiar se dobla, se estira o se funde en algo más extraño e íntimo. Su lógica onírica no imita los sueños reales; imita la sensación de perder el equilibrio dentro de la propia percepción. Esa sensación ha moldeado la manera en que construyo mis figuras surrealistas. Al crear carteles basados en estos estados de disolución, quiero que el espectador sienta el umbral entre lo que ve y lo que siente, como si la percepción se abriera como una puerta suave y brillante.

Los estados alterados como verdad emocional
Las películas de Noé a menudo oscilan entre la consciencia y el trance. Los colores se intensifican, los ángulos de cámara se desvían, los cuerpos se alargan o se contraen bajo el peso emocional. Estos estados alterados revelan verdades que la claridad racional oculta. En mi obra, abordo las figuras simbólicas de la misma manera: como recipientes donde la emoción distorsiona la forma. Una silueta puede disolverse en pétalos, un rostro puede difuminarse en sombras, o una extremidad puede alargarse en una franja de luz botánica. Estas distorsiones no son surrealistas por su extrañeza. Reflejan la forma en que la emoción reconfigura el yo desde el interior.
La geometría suave de la disolución
Uno de los aspectos más fascinantes de la lógica onírica de Noé es cómo la geometría se vuelve fluida. Las líneas se curvan inesperadamente, los espacios se estiran, el marco se comporta como un organismo que respira. Esto me enseñó a dejar que mis figuras y plantas se fundan entre sí. Los bordes se suavizan. Los límites se difuminan. Un símbolo puede comenzar como un pétalo y terminar como un gesto corporal. La composición se convierte en un mapa de disolución emocional: ni caótica ni estable, sino suspendida en un equilibrio radiante.

Figuras que flotan entre mundos
Los personajes de Noé a menudo se mueven por espacios que parecen medio recordados, medio inventados, como transformados por la memoria o el deseo subconsciente. Quiero que mis figuras surrealistas habiten ese mismo mundo intersticial. Sus cuerpos no son fijos; flotan entre formas humanas, botánicas y atmosféricas. Brillan de maneras que no corresponden a la luz natural. Llevan la carga emocional de figuras que no están del todo presentes, pero tampoco del todo desaparecidas. Los carteles construidos en torno a estas figuras se convierten en portales al estado onírico: imágenes que respiran más de lo que hablan.
El color como fuerza disolvente
En las secuencias oníricas de Noé, el color a menudo borra la lógica. El rojo se extiende como el calor, el verde vibra como una advertencia, el violeta se enrosca alrededor del marco como humo. Utilizo el color con la misma intención disolvente. Cuando una figura comienza a desaparecer en un degradado, el color se convierte en la historia. Cuando una sombra se apodera de un rostro, se convierte en un eclipse emocional. Cuando el neón se filtra entre los pétalos que rodean una silueta, expresa el estado cambiante del subconsciente. El póster se convierte en un umbral cromático en lugar de una imagen estática.

La gravedad emocional de los cuerpos codificados por los sueños
Los cuerpos codificados por sueños no siguen las reglas de la anatomía, sino las de la emoción. Noé lo comprende profundamente, y observar su obra me enseñó a confiar más en la anatomía emocional que en la precisión física. En mis impresiones artísticas, el cuerpo se convierte en un símbolo: un torso se disuelve en una flor nocturna, una cabeza se transforma en una semilla resplandeciente, las manos se extienden como zarcillos que buscan algo sin resolver. Estas transformaciones capturan la gravedad de la experiencia interior. Permiten que la figura se sienta frágil e inmensa a la vez.
La disolución como forma de claridad
Existe una paradoja en la lógica onírica: cuanto más se disuelve una forma, más claro se vuelve su significado emocional. La disolución despoja de lo literal y deja atrás la esencia. Por eso mis carteles surrealistas a menudo se inclinan hacia la fragmentación o la fusión visual. El espectador percibe intuitivamente el trasfondo emocional —anhelo, miedo, trascendencia, despertar— sin necesidad de explicación. La imagen se convierte en un lugar donde la claridad emerge a través de la suavidad, no de la precisión.

Donde el cine y la botánica surrealista convergen
En definitiva, la lógica onírica de Gaspar Noé no ofrece un modelo visual, sino emocional. Me recuerda que el arte puede reflejar la inestabilidad de la experiencia interior sin perder coherencia. Puede hablar a través del color, la forma, la disolución y la tensión.
Mis figuras surrealistas llevan esta influencia en su interior. Reflejan realidades que se disuelven, no para desorientar, sino para revelar la verdad silenciosa que reside bajo nuestro ser despierto: una verdad que brilla, se transforma y respira en el estado onírico del arte simbólico.