La memoria que vive más allá de las palabras
Experimento los dibujos folclóricos como una memoria que existe más allá del lenguaje. No cuentan historias de forma lineal ni explican sus orígenes. En cambio, transmiten un conocimiento emocional que se siente más antiguo que la narrativa. Cuando trabajo con imágenes inspiradas en el folclore, no hago referencia a un cuento específico. Me involucro en la forma en que la memoria se mueve a través de la forma, el patrón y la repetición.

Este tipo de memoria es corporal, no intelectual. Llega como reconocimiento sin explicación. Un símbolo resulta familiar incluso cuando su significado es indescriptible. Los dibujos folclóricos operan en este espacio, donde la emoción precede a la comprensión y el sentimiento precede a la interpretación.
El folclore como transmisión emocional
El folclore sobrevive porque transmite emociones, no información. Los dibujos con raíces en el folclore transmiten esta misma lógica. Son vehículos de miedo, protección, anhelo y resiliencia que se han repetido a lo largo de generaciones. La precisión de la forma importa menos que la continuidad del sentimiento.
Cuando utilizo elementos folclóricos en mis dibujos, presto atención a esta transmisión. Permito que los símbolos permanezcan ligeramente inestables, abiertos a la reinterpretación. Esta apertura mantiene viva la corriente emocional. El dibujo no preserva el pasado, sino que le permite avanzar.
El símbolo como contenedor de memoria
En los dibujos folclóricos, los símbolos funcionan como contenedores más que como mensajes. Una flor, un rostro, una forma reflejada o un patrón repetitivo retienen residuos emocionales sin resolverlos. Estos símbolos no explican lo que protegen o recuerdan. Simplemente siguen reteniendo.

Esta contención es la razón por la que los dibujos folclóricos resultan íntimos. No exigen atención mediante el espectáculo. Invitan a la proximidad. El espectador percibe que algo se guarda, aunque no pueda expresarlo con palabras. El dibujo se convierte en un espacio compartido de recuerdo, más que en una declaración.
La repetición y la estabilidad del sentimiento
La repetición es esencial para la supervivencia de la memoria emocional en el folclore. Los mismos motivos aparecen una y otra vez, no para reforzar el significado, sino para estabilizar la emoción. Cada repetición le asegura al cuerpo que algo familiar permanece.
En mis dibujos, la repetición crea una sensación de estabilidad. Los patrones se repiten. Las formas regresan con ligeras variaciones. Este ritmo permite que la emoción se asiente en lugar de intensificarse. El recuerdo se convierte en una presencia constante en lugar de un acontecimiento dramático.
Formas botánicas y tiempo ancestral
La imaginería botánica desempeña un papel central en el folclore porque representa el tiempo. El crecimiento, la decadencia y la renovación son visibles y cíclicos. En los dibujos folclóricos, las plantas suelen representar la continuidad, la resistencia y la supervivencia silenciosa.

Cuando trabajo con formas botánicas, las considero portadoras de un tiempo ancestral. Las raíces sugieren lo que subyace a la conciencia. Las flores marcan momentos de transición, no de resolución. Estas formas permiten que la memoria permanezca activa, ni enterrada ni completamente revelada.
Dibujos folclóricos y protección
Muchas imágenes folclóricas se crearon para proteger, no para decorar. Esta intención permanece palpable incluso cuando se pierde el contexto original. Los dibujos folclóricos a menudo parecen reservados, simétricos o densamente poblados, ya que su propósito era contener algo de forma segura.
Llevo esta lógica protectora a mi obra. Superficies densas, composiciones reflejadas y figuras contenidas crean una sensación de encierro. El dibujo se convierte en un refugio tranquilo donde la memoria emocional puede existir sin ser expuesta.
La ausencia de historia lineal
Una de las cualidades que definen los dibujos folclóricos es su rechazo a la narrativa lineal. No hay principio ni fin. El significado circula en lugar de progresar. Esta estructura refleja el comportamiento de la memoria emocional.

En mi práctica, evito convertir las imágenes folclóricas en narrativas. Permito que los símbolos coexistan sin jerarquía. Esta apertura permite al espectador acceder en cualquier momento. La memoria se desarrolla mediante la asociación, no mediante la secuencia.
Memoria colectiva sin identidad
Los dibujos folclóricos son profundamente colectivos. No pertenecen a un solo autor ni a un solo momento. Este anonimato permite que la emoción fluya libremente, sin ataduras a biografías ni explicaciones.
Cuando dibujo a partir del folclore, me sumerjo en este espacio colectivo. La imagen no me representa solo a mí. Forma parte de un continuo más amplio de pensamiento visual. Esta cualidad compartida confiere a los dibujos folclóricos su serena autoridad y profundidad emocional.
Por qué el folclore aún resuena
El folclore perdura porque nos habla de aspectos de nosotros que anteceden a la lógica. En un mundo contemporáneo dominado por la explicación, los dibujos folclóricos ofrecen una comprensión diferente. Permiten que la emoción permanezca sin resolver y, al mismo tiempo, significativa.
Para mí, los dibujos folclóricos importan porque mantienen viva la memoria emocional sin congelarla. Mediante el símbolo, la repetición y la contención, nos recuerdan que algunas formas de conocimiento se sienten, no se aprenden. El dibujo no explica la memoria. La retiene, pacientemente, hasta que se reconoce.