El pulso indómito de lo femenino
La feminidad salvaje se apoderó de mi obra mucho antes de encontrarle un lenguaje. La sentí primero como una atmósfera, un pulso interior que se resistía al refinamiento y se negaba a encogerse. Cuando pinto mujeres como figuras míticas, no creo personajes; doy forma a las partes de lo femenino que la sociedad aprende a contener. La feminidad salvaje no es caos. Es claridad sin permiso, suavidad que agudiza, intuición que se niega a ser traducida. Es la locura emocional que reside bajo el ritual, la memoria y el instinto.

Las mujeres como brujas de la intuición
La bruja es uno de los primeros arquetipos que moldearon mi universo simbólico. No es una villana, sino una figura de conocimiento autónomo. Cuando pinto a estas mujeres, sus auras botánicas centellean como hechizos, y sus pétalos reflejados actúan como sigilos. Personifican la feminidad que interpreta el mundo a través de las sensaciones, no de la lógica. En mi obra, una bruja es una mujer que escucha sus propios umbrales: sus ciclos, su oscuridad, su brillo instintivo. No está alineada con el peligro, sino con la percepción sin filtros.
Las sirenas y la seducción del yo
Las sirenas suelen aparecer en mi lenguaje simbólico como formas que atraen al espectador hacia su interior, no hacia la destrucción, sino hacia el yo sumergido. Su mirada no es una trampa, sino un espejo. Cuando doy a un retrato la intensidad propia de una sirena, exploro la parte femenina que seduce a través de la verdad, no del encanto. Una sirena es emocionalmente magnética porque se niega a diluirse. Atrae a los demás al estar completamente presente en su propia profundidad. En mis composiciones, se convierte en la personificación de la gravedad emocional.

Santos de la Sombra y la Luz
El arquetipo de santa en mi obra no es una figura de pureza, sino de dualidad. Mis santas a menudo florecen desde la oscuridad, portando plantas luminosas que parecen surgir de su interior. Sus halos no son declaraciones de perfección, sino símbolos de resistencia. Estas mujeres encierran paradojas: vulnerabilidad y fuerza, dulzura y rechazo, devoción y rebeldía. Encarnan una tensión sagrada que se siente claramente salvaje: una santidad que respira en la sombra, no por encima de ella.
Criaturas míticas del sentimiento
Algunas de mis figuras femeninas trascienden el arquetipo hacia algo más ambiguo: criaturas míticas, hechas de emoción más que de leyenda. Tienen pétalos en lugar de máscaras, u ojos que se abren como flores. Sus cuerpos evocan raíces, alas o curvas lunares. Estas formas híbridas me permiten expresar emociones que no tienen una forma única: anhelo, despertar, dolor que brilla, deseo que se enrosca, intuición que se desboca. Llevan la cualidad fragmentada, cruda y expansiva del yo interior cuando se niega a ser contenido.

Lo salvaje femenino como fuerza botánica
La feminidad salvaje se integra con facilidad en el simbolismo botánico. Las raíces se comportan como la memoria. Los pétalos se asemejan a umbrales. Las semillas laten como secretos. Al dotar a mis figuras femeninas de cuerpos botánicos o auras florales resplandecientes, las conecto con la antigua comprensión de que la naturaleza y la feminidad comparten un lenguaje de ciclos, crecimiento y ruptura. La feminidad salvaje crece incluso en la oscuridad. Se regenera. Refleja el mito mientras crea nuevos mitos. Es un jardín y una tormenta.
La sombra como elemento femenino
La oscuridad en mi obra no es peligro, es santuario. Al situar a mis figuras femeninas en atmósferas sombrías, les doy espacio para respirar sin espectáculo. La sombra se convierte en el terreno donde afloran sus rasgos salvajes: intuición, desafío, anhelo, conocimiento. En estos campos silenciosos, son libres de ser contradictorias. Pueden florecer o esconderse. Pueden llamar o permanecer inmóviles. La sombra se convierte en un paisaje de autenticidad en lugar de miedo.

¿Por qué sigo pintando la feminidad salvaje?
Regreso a la feminidad salvaje porque la siento esencial. Me permite retratar la feminidad sin restricciones, para dar cabida a la complejidad emocional, la profundidad simbólica y la imaginación mítica. A través de brujas, sirenas, santos y criaturas míticas sin nombre, exploro la realidad multidimensional del ser femenino. Estas figuras transmiten mis instintos, los ecos ancestrales y las rebeliones silenciosas. La feminidad salvaje es una forma de honrar la naturaleza salvaje que reside bajo la superficie, una naturaleza salvaje que no debe ser domesticada, sino comprendida.