Donde comienza mi lenguaje onírico del tarot
Cada vez que trabajo con el simbolismo del tarot, siento como si entrara en un espacio suspendido entre la vigilia y el sueño. No se trata de la fantasía del escapismo, ni de la claridad de la lógica, sino de un umbral donde las imágenes se desdibujan y revelan algo más instintivo. Mi mundo del tarot no sigue las reglas de las barajas tradicionales; sigue el ritmo de mi paisaje interior. Como suelen hacer los sueños, mis imágenes reorganizan los símbolos en nuevas formas, nuevos gestos, nuevas arquitecturas emocionales. En este espacio, la adivinación se centra menos en la predicción y más en el reconocimiento: un momento de verme a mí misma a través de formas, colores y sombras que me resultan extrañamente familiares.

Lo surreal como camino de la intuición
Lo surrealista siempre me ha parecido un lenguaje natural para mi práctica. Me permite expresar la intuición sin explicarla, plasmar verdades emocionales sin narraciones literales. Cuando creo obras inspiradas en el tarot, me apoyo en lo surrealista para comunicar lo sutil o lo tácito. Una flor flotante puede contener el peso de la añoranza. Un rostro reflejado puede expresar una dualidad que las palabras aplanarían. Un fragmento de luz en un campo oscuro puede susurrar una verdad que se resiste a ser nombrada. Lo surrealista me da permiso para dejar que la intuición guíe la composición. Se convierte en un camino más que en una técnica: una forma de acceder a la lógica emocional que subyace a los arquetipos del tarot.
Los sueños como marco emocional
Los sueños tienen su propia estructura, una que fluye libremente entre el simbolismo, la memoria y la anticipación. Esa estructura influye en mi enfoque artístico. Cuando pinto o diseño imágenes inspiradas en el tarot, concibo los sueños como marcos emocionales: fluidos, ambiguos, atmosféricos. Un sueño no busca claridad; busca resonancia. Así es precisamente como me relaciono con el tarot. No busco significados rígidos. Busco la vibración emocional que subyace a cada arquetipo. En mis obras de tarot impregnadas de sueños, el significado emerge a través de la textura, el color y el gesto, más que mediante una narrativa explícita. Todo permanece abierto, cambiante, vivo.

Símbolos que se comportan como visiones
Mis símbolos inspirados en el tarot no aparecen como ilustraciones fijas. Se comportan como visiones. Se mueven por la composición con una suavidad onírica, oscilando entre el reconocimiento y el misterio. Una flor puede parecer un recuerdo. Un ojo puede representar la consciencia. Una curva serpentina puede sugerir transformación. Estos símbolos no se colocan como respuestas, sino como invitaciones. Hablan en el lenguaje de las imágenes internas: la forma en que la mente se comunica consigo misma en los momentos de quietud entre pensamientos. En este sentido, mi trabajo con el tarot se convierte menos en una representación de las cartas y más en una traducción de su esencia emocional.
El papel de la suave oscuridad
La penumbra es esencial para crear la cualidad onírica de mis imágenes de tarot. Actúa como el espacio donde lo invisible se congrega, donde los símbolos toman forma antes de revelarse por completo. Esta penumbra nunca es pesada ni opresiva; es una noche apacible que permite que la intuición se despliegue. En los sueños, la oscuridad a menudo contiene significado en lugar de ocultarlo. Esto también se aplica a mi trabajo. Mis atmósferas negras y suaves sostienen el peso de la historia emocional, mientras que los símbolos emergen a la vista con su propia luminosidad silenciosa. Esta interacción entre oscuridad y brillo crea la atmósfera adivinatoria que busco.

La luz como revelación interior
En la lógica onírica de mis piezas de tarot, la luz se convierte en revelación. No lo ilumina todo; selecciona lo que necesita ser visto. A veces brilla desde el interior de una forma botánica, otorgándole la cualidad de un órgano interno o un pulso emocional. Otras veces delinea el contorno de una forma híbrida, sugiriendo un despertar o un cambio de percepción. La luz se comporta como la intuición: impredecible, precisa y profundamente emotiva. Es este resplandor selectivo el que transforma una composición surrealista en algo que se siente adivinatorio, como si la obra de arte resaltara una verdad que emerge del subconsciente.
El color como temperatura psíquica
El color juega un papel crucial en la creación de la atmósfera de mis oníricas imágenes de tarot. Utilizo los matices como temperaturas emocionales, más que como meros adornos. Los negros suaves anclan la obra en la introspección. Los tonos turquesa actúan como claridad que irrumpe en la incertidumbre. Los verdes neón agudizan el instinto. Los rosas cálidos suavizan la extrañeza con ternura. Cuando estos colores se entrecruzan, forman un campo cromático que se asemeja a un clima psíquico: condiciones cambiantes que reflejan estados emocionales. En este sentido, el color se convierte en mi manera de adivinar la atmósfera de la pieza, determinando cómo debe sentirse el símbolo, más que lo que debe representar.

Motivos botánicos como órganos oníricos
En mi lenguaje onírico del tarot, los elementos botánicos a menudo reemplazan las figuras tradicionales. Flores, enredaderas, raíces y semillas actúan como órganos de la intuición. Contienen estados emocionales más que significados literales. Un tallo retorcido puede expresar tensión. Una semilla brillante puede representar una intención en formación. Un pétalo reflejado puede evocar una dualidad interna. Al usar formas botánicas, otorgo a los arquetipos del tarot una suavidad e intimidad que se sienten más cercanas a la experiencia vivida. Estos motivos se convierten en órganos oníricos: partes de una anatomía emocional que se expresa a través del símbolo en lugar de la palabra.
Por qué la adivinación onírica me resulta auténtica.
Recurro a las imágenes oníricas del tarot porque reflejan cómo experimento la intuición en mi propia vida. La claridad rara vez llega como una frase; llega como una sensación, un destello, un cambio de atmósfera. Los sueños expresan la verdad de la misma manera: a través de símbolos, sensaciones y pequeños mensajes visuales. Cuando trabajo con esta estética, siento que traduzco mis propios estados internos a formas que otros pueden reconocer en sí mismos. Mi obra se convierte en un espacio donde el surrealismo y la adivinación se fusionan, donde el significado no se impone, sino que se descubre, y donde el espectador puede conectar con su propia intuición a través del lenguaje sutil y cambiante del sueño.