Cambio sin borrado
Convertirse en alguien nuevo sin perderse es una de las formas más delicadas de transformación. Pide a una persona cambiar sin tratar el pasado como algo desechable. Un nuevo yo puede surgir después de la emigración, el crecimiento, un gran cambio de vida o una decisión silenciosa de vivir de otra manera. Sin embargo, el viejo yo no desaparece simplemente. Permanece como memoria, instinto, gusto, ternura y lenguaje privado. Por eso vuelvo tan a menudo a rostros dobles, figuras divididas, cuerpos estratificados y retratos simbólicos en mis obras. Muestran el cambio como continuidad, no como borrado.

El viejo yo como fundamento oculto
La persona que eras antes de la transformación permanece debajo de la persona en la que te estás convirtiendo. A veces este fundamento se siente pesado, y a veces se siente protector. Viejos recuerdos, viejas habitaciones, deseos anteriores, códigos de infancia, hábitos familiares y primeras formas de coraje siguen siendo parte de la estructura interior. En mis dibujos y láminas artísticas, esto aparece a menudo a través de rostros repetidos o cuerpos espejados. La nueva figura lleva dentro a la antigua. La imagen sugiere que convertirse en alguien nuevo no es una sustitución limpia, sino una reorganización cuidadosa de lo que ya se ha vivido.
Cuando el crecimiento crea dos yos
El crecimiento puede crear la sensación de dos yos porque una parte de la persona avanza mientras otra permanece unida a lo que vino antes. Esta división no es necesariamente negativa. Puede ser la mente protegiendo la continuidad mientras permite el cambio. Una persona puede querer volverse más libre, más suave, más extraña, más valiente o más honesta, sin dejar de reconocer la versión de sí misma que existía antes. En el arte mural simbólico, un rostro doble o un cuerpo dividido puede sostener claramente esta tensión. La imagen no elige un lado. Deja que ambos yos permanezcan visibles.

El momento de volverse desconocida
La transformación puede sentirse extraña porque una persona puede volverse desconocida incluso para sí misma. Nuevos hábitos, nuevos países, nuevas lenguas, nuevo trabajo o nuevas relaciones pueden cambiar cómo se siente la identidad desde dentro. El yo todavía está conectado al pasado, pero ya no tiene exactamente el mismo contorno. En mis carteles y dibujos, a menudo uso rostros que son familiares y extraños a la vez. Sugieren el momento en que la identidad se desplaza: todavía íntima, todavía conectada a la memoria, pero ya moviéndose hacia otra forma.
Mantener el hilo interior
Para convertirse en alguien nuevo sin perderse, tiene que existir un hilo interior. Puede no ser una identidad fija ni una definición simple. Puede ser una sensibilidad, un color, un símbolo recurrente, una forma de mirar, un ritmo privado o una forma de honestidad emocional. En mis obras, este hilo interior aparece a menudo a través de motivos que regresan en formas distintas: ojos, flores, bordes, rostros espejados, fondos oscuros o líneas ornamentales. El motivo cambia, pero algo permanece reconocible. El yo también cambia así, mediante repetición con diferencia.

La belleza de una identidad estratificada
Una identidad estratificada puede ser más verdadera que una simple. Permite a una persona llevar contradicciones: viejo y nuevo, suave y afilado, extranjero y familiar, privado y visible. Convertirse en alguien nuevo puede significar aceptar que la identidad no es un solo rostro, sino una composición. Algunas partes están ocultas, algunas se repiten, algunas se distorsionan y algunas están recién dibujadas. Por eso los retratos simbólicos estratificados se sienten tan cerca de la verdad emocional del cambio. No fingen que la transformación vuelve simple a una persona. Dejan que la complejidad siga siendo bella.
Por qué el devenir pertenece al arte simbólico
El devenir pertenece al arte simbólico porque no es solo un proceso psicológico. Es visual, corporal, emocional y privado. Para mí, este tema entra naturalmente en mis obras, carteles, láminas artísticas, dibujos, retratos simbólicos y arte mural porque mi lenguaje visual ya vuelve al doble, la fragmentación, la memoria, la repetición y la transformación. El arte de convertirse en alguien nuevo es el arte de conservar suficiente de ti para seguir siendo real, mientras permites que la vida te redibuje en una forma que antes no habrías podido imaginar.