El yo que guarda más de un tiempo
Las personas se sienten divididas entre su yo pasado y su yo presente porque la identidad no se mueve a través del tiempo como una línea limpia. La persona que eras antes de un gran cambio no desaparece simplemente cuando empieza la vida presente. Viejos hábitos, habitaciones, lenguas, relaciones, miedos, deseos y formas de ser vista permanecen en el cuerpo como huellas. Por eso vuelvo a menudo a rostros dobles, figuras divididas, cuerpos estratificados y retratos simbólicos en mis obras. Muestran a una persona sosteniendo más de un tiempo emocional dentro de la misma imagen.

El yo pasado como compañero oculto
El yo pasado puede sentirse como un compañero oculto. Puede no controlar el presente, pero todavía reacciona, recuerda, compara y a veces habla desde debajo. Una persona puede haber cambiado de país, de trabajo, de lengua, de relaciones o de forma de entenderse, y aun así una versión más antigua permanece cerca. En mis dibujos y láminas artísticas, esto aparece a menudo a través de rostros repetidos o cuerpos espejados. Una figura pertenece al presente, mientras otra parece llevar la atmósfera inacabada de lo que vino antes.
Por qué el cambio crea distancia interior
El cambio crea distancia interior porque la mente necesita tiempo para entender quién se ha vuelto. La vida puede moverse más rápido que la identidad. Una persona puede vivir ya en una situación nueva, pero emocionalmente seguir alcanzándola. Esto es especialmente claro después de la emigración, la transformación o empezar de nuevo. El yo presente actúa, se adapta y continúa, mientras el yo pasado permanece conectado a significados más antiguos. En el arte mural simbólico, un cuerpo dividido puede sostener esta pausa entre lo que ha cambiado fuera y lo que todavía se reorganiza dentro.

La memoria y la forma del viejo yo
La memoria no conserva el pasado de manera exacta. Lo edita, lo suaviza, lo afila y lo reorganiza. Esto significa que el yo pasado es en parte real y en parte simbólico. Está hecho de lo que ocurrió, pero también de lo que el yo presente necesita recordar. Una habitación de infancia, una ciudad anterior, una vieja relación o una versión más antigua del coraje pueden volverse más cargadas con el tiempo. En mis carteles y dibujos, los motivos repetidos suelen comportarse así. Ojos, flores, bordes, fondos oscuros y rostros espejados regresan como memoria: cambiados por el presente, pero todavía llevando su huella original.
El yo presente todavía se está formando
El yo presente puede sentirse inestable porque todavía se está formando. Puede parecer más completo desde fuera de lo que se siente desde dentro. Puedes tener nuevas rutinas, una nueva lengua, nuevas decisiones y una nueva vida, mientras todavía te preguntas si el viejo yo ha sido honrado, dejado atrás o malentendido. Esta tensión no significa que la persona esté rota. Significa que la identidad es estratificada. Un retrato simbólico puede mostrarlo con más honestidad que una frase directa: un rostro visible, otro medio oculto, ambos perteneciendo a la misma persona.

La ternura de ser muchas versiones
Puede haber ternura en reconocer que somos muchas versiones a la vez. El yo pasado puede llevar inocencia, supervivencia, errores, deseo o una forma de ver que el yo presente todavía necesita. El yo presente puede llevar distancia, claridad, elección y otro tipo de fuerza. Estas versiones no tienen que cancelarse entre sí. Pueden convertirse en parte de una estructura interior más amplia. En mis obras, la dualidad a menudo aparece no como una simple división, sino como coexistencia: dos rostros, dos direcciones, un cuerpo aprendiendo a sostener varias verdades.
Por qué los yos divididos pertenecen al arte simbólico
Los yos divididos pertenecen al arte simbólico porque la sensación es visual antes de ser lógica. Es un rostro recordando otro rostro, un cuerpo llevando una habitación anterior, una vida presente todavía atravesada por lo que la formó. Para mí, este tema entra naturalmente en mis obras, carteles, láminas artísticas, dibujos, retratos simbólicos y arte mural porque mi lenguaje visual ya vuelve al doble, la memoria, la repetición, las fronteras y la transformación. Sentirse dividida entre el yo pasado y presente no es solo una fractura. También puede ser la señal de una vida lo bastante profunda como para contener más de una versión del devenir.