El retrato como espejo de un yo dual
Cuando abordo el retrato desde la perspectiva del tarot, a menudo recurro a dos cartas que transforman mi perspectiva sobre la identidad: Los Enamorados y La Luna. Ambos arquetipos giran en torno a la reflexión, no en sentido literal, sino en la duplicación emocional que se produce cuando el yo se encuentra con su contraparte. En mis retratos, exploro esto a través de rostros reflejados, plantas botánicas gemelas y estructuras duales que parecen inseparables. Estas composiciones se comportan como diálogos internos, revelando cómo el tarot utiliza la dualidad para iluminar las facetas ocultas del alma.

Los amantes: unión, elección y eco emocional
En el tarot, Los Enamorados no solo habla de una unión romántica, sino de una unión interior: dos fuerzas que se encuentran en un reconocimiento. Cuando pinto con este arquetipo, suelo dividir el rostro o replicar sus rasgos con una suave simetría. Un pétalo reflejado se convierte en la segunda voz. Una doble flor insinúa reciprocidad. Un brillo compartido entre dos formas sugiere una decisión o una fusión aún en curso. Los Enamorados me recuerda que la dualidad no es conflicto, sino resonancia. Mis retratos reflejan esto al mostrar dos presencias que se moldean mutuamente, así como la carta sugiere que la identidad se estabiliza en momentos de conexión.
La Luna: Sombras, Multiplicidad y el Sueño del Doble
Si Los Amantes representa la armonía en la dualidad, La Luna representa la incertidumbre en ella. Su luz distorsiona, revela, confunde y seduce. La multiplicidad se convierte en lenguaje. En mis retratos, esta carta aparece como rostros que cambian en los bordes, expresiones que se difuminan entre sí, o guardianes botánicos cuyas formas reflejadas se perciben intuitivas en lugar de estructuradas. La Luna introduce la lógica onírica: la dualidad se convierte en un velo, un umbral, una suave distorsión. Este arquetipo me anima a aceptar la ambigüedad: rostros que aparecen dos veces pero se sienten diferentes cada vez, reflejos emocionales atrapados en plena transformación.

Rostros reflejados como umbrales simbólicos
Para mí, el reflejo nunca es solo una elección estética. Es una forma de hablar de los umbrales psicológicos: esos momentos en los que el yo se encuentra consigo mismo, duda y luego reconoce algo más profundo. El tarot trata estos umbrales con reverencia. Los Enamorados usan la simetría para enfatizar la verdad. La Luna usa el espejismo para enfatizar el misterio. En mis retratos, los rostros reflejados se convierten en portales simbólicos. Marcan la frontera entre lo conocido y lo instintivo, entre la claridad y la intuición. Crean una tensión emocional que permite que el significado se acumule en el espacio entre los reflejos.
Los botánicos como extensiones de arquetipos duales
Mis formas botánicas a menudo adoptan el tono emocional de los arquetipos del tarot que guían el retrato. Para Los Enamorados, las hojas y los pétalos pueden emparejarse de forma natural, creciendo en ritmos complementarios. Las raíces se entrelazan en lugar de ramificarse. Para La Luna, las plantas se comportan de forma diferente: se curvan inesperadamente, se repiten con una suave irregularidad, brillando como si algo más allá de la lógica las iluminara. Estas formas actúan como espejos intuitivos, ayudando al retrato a expresar la dualidad sin depender únicamente de los rasgos humanos. Ofrecen un ecosistema simbólico donde dos presencias pueden coexistir, resonar y transformarse.

La dualidad como verdad emocional
Trabajar con la dualidad en el retrato implica aceptar que la identidad rara vez es singular. El Tarot lo reconoce a través de arquetipos que expanden el yo a través de múltiples dimensiones: elección, sombra, iluminación, instinto. Mis retratos reflejan esta verdad emocional. Un rostro puede duplicarse porque la persona está dividida. O porque está evolucionando. O porque su paisaje emocional requiere más de una expresión para expresarse plenamente. La dualidad no es fragmentación. Es expansión. Los Enamorados apuntan a la unidad a través de la reflexión. La Luna apunta a la comprensión a través de la ambigüedad. Mis retratos transmiten ambos impulsos a la vez.
Cuando los mundos interior y exterior se encuentran
Lo que más me fascina de los arquetipos espejo del tarot es cómo disuelven la frontera entre el mundo interior y el exterior. Los Enamorados revelan el yo a través de la conexión. La Luna lo revela a través de la distorsión. Ambos invitan a un encuentro más profundo con las señales internas. En el retrato, traduzco esto en superficies que brillan como si estuvieran iluminadas desde dentro, sombras que ondulan como el clima emocional o pétalos que enmarcan el rostro como umbrales simbólicos. Estos elementos ayudan al retrato a convertirse en un punto de encuentro donde la intuición del espectador interactúa con el campo emocional del retratado.

Por qué los amantes y la luna siguen guiando mis retratos
Estos dos arquetipos forman el eje de la dualidad en el tarot: el espejo claro y el empañado, el eco y la sombra, la unión y la incertidumbre. Su tensión dinámica determina cómo construyo mis retratos: rasgos reflejados, formas duplicadas, distorsiones oníricas y plantas que se comportan como contrapartes simbólicas. A través de ellos, exploro la verdad de que la identidad siempre está cambiando, dividiéndose y recombinándose en busca de claridad. El retrato deja de ser un registro de un rostro para convertirse en un mapa de identidades duales: como enseña el tarot, el yo nunca es singular y cada reflejo transmite su propio mensaje.