Donde la tradición se encuentra con lo surrealista
Muchas de las formas en mi obra —pétalos, hojas, tallos, bordes punteados— evocan el ritmo visual del arte popular tradicional. Hay simetría, repetición y una ornamentación que se siente arraigada en las tradiciones artesanales. Pero en el momento en que estas formas botánicas familiares entran en contacto con mi paleta, se transportan a otro mundo. Verdes neón, rosas intensos, azules eléctricos y púrpuras amoratados transforman una estructura de inspiración folclórica en algo onírico, alucinatorio y de gran intensidad emocional. El resultado es un lenguaje visual que honra la tradición al tiempo que se aleja por completo del realismo.

La simetría del arte popular como fundamento emocional
La simetría tiene un efecto estabilizador. Cuando una composición está equilibrada, la vista se relaja. El arte popular ha abrazado desde hace mucho tiempo esta estabilidad, utilizando pétalos reflejados, hojas pareadas y líneas repetidas para crear armonía. En mi obra, empleo estructuras similares, pero no para lograr la calma. En cambio, la simetría se convierte en la base que permite que los colores y las formas surrealistas se expresen con libertad. Es la etapa de quietud la que permite que los elementos psicodélicos brillen, vibren y se expandan sin que la imagen colapse en el caos.
Los colores ácidos como portal hacia un estado onírico
La intensidad del color es lo que aleja mis plantas de la realidad. Los verdes lima irradian como luz química, los rojos palpitan con calor y los magentas parecen brillar desde dentro. Estos colores ácidos no describen la naturaleza; exageran su potencial emocional. Convierten una flor en un faro, una hoja en un símbolo, un tallo en un canal de energía. El color psicodélico crea un estado onírico donde las formas familiares adquieren nuevos significados, transmitiendo una sensación de magia, tensión y vida interior.
Cuando los motivos folclóricos se convierten en entidades vivientes
En los diseños folclóricos tradicionales, las flores conservan una función decorativa. En mi obra, se transforman. Se enroscan, se estiran, se multiplican y se comportan como criaturas. Tallos tentaculares envuelven rostros. Pétalos forman halos. Líneas de cuentas palpitan como venas o señales. Las formas de inspiración folclórica aún son reconocibles, pero su comportamiento es surrealista. Ya no decoran el entorno, sino que lo crean. Se convierten en la arquitectura emocional de la obra, guiando al espectador a través de un paisaje que se siente a la vez antiguo y extrañamente vivo.

La carga emocional detrás de la fusión
Combinar la simetría folclórica con el color psicodélico no es solo una elección estética; refleja la dualidad emocional que reside en el corazón de mi arte. Existe nostalgia por símbolos y patrones antiguos, pero también el deseo de transformarlos en nuevas formas. Hay estructura, pero también inestabilidad. Suavidad mezclada con extrañeza. Esta fusión crea obras de arte que se sienten familiares pero a la vez libres, arraigadas pero flotantes. En este espacio entre lo conocido y lo irreal es donde florecen mis elementos botánicos, donde la memoria se encuentra con la imaginación y donde el color se convierte en una suerte de clima psíquico.