Por qué creamos narrativas personales sobre nosotros mismos

El yo también es una historia

A menudo pensamos en el yo como algo sólido, como si hubiera una verdad interior fija debajo de cada estado de ánimo, decisión, recuerdo e imagen. Pero gran parte de la identidad se construye a través de la narración. Nos contamos quiénes hemos sido, qué nos hirió, qué nos formó, qué deseamos y qué tipo de persona estamos llegando a ser. Estas historias no siempre son falsas, pero nunca están completas. Organizan la experiencia en algo con lo que podemos vivir. En el arte, me interesa esta misma tensión: el rostro, el cuerpo, el símbolo y el dibujo como fragmentos de una historia que seguimos reescribiendo.

La memoria necesita una forma

La memoria no vuelve como un archivo perfecto. Llega en fragmentos: una habitación, un color, una voz, un gesto, una sensación extraña que ha sobrevivido al propio acontecimiento. Las narrativas personales nos ayudan a ordenar estos fragmentos dentro de un significado. Conectamos un momento con otro para que la vida se sienta menos aleatoria. Por eso el artwork simbólico puede sentirse tan cercano a la memoria. Un póster, un art print o una pieza de wall art quizá no describan un evento literal, pero pueden hacer eco de la manera en que la memoria se convierte en atmósfera, patrón y forma emocional.

Nos explicamos a nosotros mismos

Una razón por la que creamos narrativas personales es que a la mente no le gusta el desorden puro. Queremos razones para nuestras reacciones, hábitos, miedos y deseos. Decimos: soy así por esto. A veces la explicación es precisa, y a veces es solo una estructura temporal. Aun así, la estructura importa. Nos da una manera de reconocernos a través del tiempo. Un rostro doble, un espejo, un ojo o una figura dividida en el artwork pueden sostener esta misma pregunta psicológica: ¿qué versión del yo está contando la historia y qué versión está siendo descrita?

La historia nos protege y nos limita

Las narrativas personales pueden protegernos. Nos ayudan a sobrevivir a la confusión, el duelo, la vergüenza, el cambio y la incertidumbre. Una historia puede dar dignidad al dolor y continuidad a la ruptura. Pero también puede volverse demasiado estrecha. Si repetimos una versión de nosotros mismos durante demasiado tiempo, podemos empezar a confundirla con el destino. Por eso me interesan tanto las imágenes de transformación: flores que crecen de rostros, cuerpos que se convierten en plantas, ojos que aparecen en lugares imposibles. Sugieren que la identidad no es una frase cerrada, sino una forma viva.

Otras personas entran en la narrativa

No creamos las historias del yo a solas. La familia, los amantes, los desconocidos, la cultura, la religión, la escuela, las películas, los libros y las imágenes nos ofrecen lenguaje para imaginar quién podríamos ser. Algunas historias se heredan antes de elegirlas. Otras se resisten, se revisan o se guardan en secreto. Por eso los símbolos visuales pueden sentirse tan personales y tan colectivos al mismo tiempo. Un rostro en un dibujo puede parecer privado, pero también lleva ecos de retratos, iconos, mitos, máscaras y antiguos papeles emocionales. El yo se convierte en un lugar donde se reúnen muchas voces.

El arte vuelve visible la historia interior

El arte tiene un poder particular porque puede mostrar el yo sin reducirlo a una explicación simple. Un dibujo simbólico puede sostener la contradicción mejor que una frase: ternura junto a amenaza, belleza junto a inquietud, quietud junto a cambio. Por eso un artwork puede sentirse como una narrativa personal incluso cuando no es autobiográfico. Crea un lenguaje visual para estados difíciles de nombrar. Una pieza de wall art puede volverse significativa porque da forma a algo que quien mira ha sentido pero nunca ha descrito por completo.

Reescribir la imagen del yo

Creamos narrativas personales sobre nosotros mismos porque necesitamos continuidad, pero también necesitamos libertad para cambiar. La historia del yo nunca está terminada. Es editada por la memoria, el deseo, la pérdida, el amor, la vergüenza, la imaginación y el tiempo. En este sentido, la identidad se parece más a un artwork que a un hecho. Reúne capas, símbolos, errores, repeticiones y revisiones. La historia del yo más interesante no es la que explica todo perfectamente, sino la que deja suficiente espacio para que aparezca otra versión de nosotros.

Regresar al blog