Donde las historias existen sin palabras
Cuando pienso en carteles mitológicos, no pienso en la narración lineal, sino en la presencia. Las narraciones antiguas rara vez se contaban solo con palabras: existían en símbolos, en formas recurrentes, en códigos visuales que transmitían significado a través de las generaciones. Para mí, los carteles mitológicos no son ilustraciones de historias específicas, sino espacios donde estos fragmentos narrativos perduran. La imagen no explica el mito, sino que lo contiene.

Arquetipos que no pertenecen a un solo momento
En diversas mitologías —eslava, celta, griega y otras— ciertas figuras y formas se repiten: la figura dual, el cuerpo que se transforma, el símbolo protector, la figura entre mundos. Estos arquetipos no pertenecen a una sola cultura ni a un solo momento. Persisten porque reflejan algo estructural en la percepción humana. Cuando trabajo en carteles mitológicos, no me baso en una sola narrativa, sino que trabajo con estas formas recurrentes que transmiten significado más allá del contexto.
El lenguaje de la transformación
La transformación es fundamental en la imaginería mitológica. Los cuerpos cambian, las formas se fusionan, los límites se disuelven. En el folclore eslavo, las figuras suelen existir entre estados: humanos y animales, vivos y no vivos, visibles y ocultos. Esta fluidez es un tema recurrente en mi obra. Los carteles mitológicos no fijan la identidad. Le permiten moverse, permanecer abierta, existir en transición.

Símbolos botánicos como fragmentos narrativos
Las plantas siempre han ocupado un lugar importante en los sistemas mitológicos. Los árboles como conexiones entre mundos, las flores como marcadores de ciclos, las raíces como vínculos con lo invisible. En los carteles mitológicos, las formas botánicas no son decorativas, sino elementos narrativos. Una flor puede no representar una historia específica, pero conlleva asociaciones con el crecimiento, la decadencia y la renovación. Estas asociaciones funcionan como fragmentos de narrativas más amplias que permanecen presentes en la imagen.
El ornamento como estructura mítica
En los contextos mitológicos, el ornamento nunca fue neutral. Los patrones repetitivos, las formas circulares, las disposiciones simétricas: todo ello conllevaba un peso simbólico. Estructuraban la imagen de una manera que reflejaba ideas cosmológicas más amplias. En mi obra, me inspiro en este enfoque, donde el ornamento se integra en la narrativa en lugar de ser algo ajeno a ella. La imagen no está enmarcada por la decoración, sino que se construye a través de ella.

La persistencia de los antiguos códigos visuales
Incluso fuera de su contexto original, los símbolos mitológicos siguen funcionando. Pueden perder significados específicos, pero conservan una sensación de familiaridad, de reconocimiento que no requiere explicación. Esto es lo que más me interesa. Los carteles mitológicos operan en este espacio, donde los antiguos códigos visuales permanecen activos sin ser descifrados por completo. La imagen resulta familiar, incluso cuando su significado no es del todo claro.
Una narrativa que permanece abierta
Los carteles mitológicos no se reducen a una sola historia. Permanecen abiertos, albergando múltiples asociaciones a la vez. No pretendo reconstruir los mitos tal como fueron, sino trabajar con sus fragmentos de manera que puedan seguir evolucionando. La narrativa no es fija; existe como una presencia dentro de la imagen, algo a lo que se puede acceder más que comprender por completo.