Donde la realidad se transforma en narrativa
Cuando pienso en carteles de fantasía, no pienso en la evasión como una forma de escape. Pienso en un cambio de percepción. Las imágenes escapistas no nos alejan de la realidad, sino que la transforman. En los carteles de fantasía, las formas familiares comienzan a comportarse de manera diferente. La lógica del mundo visible se desdibuja y algo más sutil y simbólico ocupa su lugar.

Las raíces profundas de los mundos imaginados
Mucho antes de que existiera la palabra «fantasía» como categoría, la cultura visual ya estaba repleta de seres imaginarios, formas híbridas y paisajes de otro mundo. En los manuscritos medievales, en el folclore eslavo y en la mitología celta, las imágenes se utilizaban para representar fuerzas que no podían explicarse del todo. Los carteles de fantasía continúan esta tradición. No inventan algo completamente nuevo, sino que reorganizan lo que siempre ha estado presente.
Figuras que existen entre mundos
En la imaginería fantástica, las figuras rara vez pertenecen a un solo estado. A menudo se encuentran suspendidas entre lo humano y lo no humano, lo material y lo inmaterial, lo arraigado y lo transformado. En las tradiciones eslavas, los espíritus del bosque, los seres protectores y las entidades cambiantes se entendían como parte de la vida cotidiana, no como algo separado de ella. Traslado esta perspectiva a los carteles de fantasía, donde las figuras no se definen por una identidad fija, sino por su capacidad de transitar entre diferentes estados.

Mundos botánicos que se extienden más allá de la naturaleza.
En los carteles de fantasía, las plantas no se comportan como elementos pasivos. Se expanden, se entrelazan y, a veces, asumen roles simbólicos o estructurales. Un tallo se convierte en un límite, una flor en un punto de transformación, las raíces sugieren una conexión con algo invisible. En muchos sistemas mitológicos, las plantas no estaban separadas de la narrativa, sino que formaban parte de ella. Abordo las formas botánicas de la misma manera, permitiéndoles transmitir significado en lugar de simplemente decorar.
El ornamento como portal en lugar de un marco
En los carteles de fantasía, el ornamento no rodea la imagen, sino que la abre. Los patrones se repiten, las formas se hacen eco y la imagen comienza a percibirse menos como una superficie y más como un espacio. En las culturas visuales tradicionales, el ornamento solía marcar umbrales: puntos de transición entre diferentes estados o mundos. Trabajo con esta idea, donde el ornamento se convierte en una forma de adentrarse en la imagen en lugar de definir sus límites.

El color como distancia emocional
En los carteles de fantasía, el color suele crear una sensación de distanciamiento de lo cotidiano. No solo por su brillo, sino también por combinaciones que se alejan ligeramente de la percepción natural. Azules intensos, violetas apagados, contrastes inesperados: estas elecciones modifican la experiencia de la imagen. Históricamente, el color solía ser simbólico, utilizado para representar estados de ánimo más que la realidad física. Sigo una lógica similar, donde el color se integra en el espacio imaginado.
Un espacio que permite partir sin abandonarlo.
Los carteles de fantasía crean un espacio donde partir no requiere movimiento. La imagen encierra una lógica alternativa, a la que se puede acceder sin necesidad de explicaciones. Para mí, esto es lo que ofrece la imaginería escapista: no un rechazo de la realidad, sino una estructura paralela que coexiste con ella. La imagen se convierte en un lugar donde la percepción puede transformarse, incluso si todo lo demás permanece inmutable.