Donde la forma comienza a perder gravedad
Cuando trabajo en carteles etéreos, no me interesa crear imágenes sólidas, sino difuminarlas. Los carteles etéreos surgen de un espacio donde la forma se desprende del peso, donde las figuras ya no se sienten fijas y donde la imagen parece flotar en lugar de asentarse. Esta sensación de ligereza no es accidental. Proviene de reducir la presión, suavizar los bordes y permitir que los elementos existan sin estar completamente anclados. El resultado no es el vacío, sino la suspensión.

La memoria cultural de la ligereza
En muchas tradiciones mitológicas y folclóricas, la ingravidez se asociaba con la transición. En los sistemas de creencias eslavos, ciertos momentos —el amanecer, el crepúsculo, los cambios estacionales— se entendían como umbrales donde el mundo se volvía menos estable y más permeable. Las figuras podían transitar entre estados, y las formas no estaban completamente definidas. A menudo pienso en estas condiciones intermedias al crear carteles etéreos. La imagen no pertenece por completo a un lugar o un estado; existe en algún punto intermedio.
Formas que se desplazan en lugar de definirse
En los carteles etéreos, las formas nunca están completamente delimitadas. Flotan, se superponen, se funden entre sí. Una figura puede sugerirse en lugar de delinearse, una forma botánica puede aparecer como un trazo en lugar de una estructura. No se trata de vaguedad, sino de permitir que la imagen permanezca abierta. En muchas tradiciones visuales históricas, especialmente en la pintura simbólica y decorativa temprana, la sugerencia tenía más poder que la definición. Sigo esta lógica, donde la imagen invita a la percepción en lugar de limitarla.

El papel de la transparencia y la superposición de capas
La transparencia desempeña un papel sutil pero fundamental en la creación de mis etéreos carteles. Las capas no se cubren por completo, sino que coexisten. Esto genera la sensación de que la imagen está compuesta por múltiples estados simultáneamente. En cierto modo, refleja el funcionamiento de la memoria, donde las impresiones se superponen en lugar de sustituirse. La superposición de capas permite al espectador recorrer la imagen en lugar de detenerse en su superficie.
Formas botánicas como estructuras blandas
En mis etéreos carteles, los elementos botánicos aparecen no como objetos fijos, sino como estructuras flotantes. Se estiran, se expanden, a veces se fragmentan. En muchas tradiciones culturales, las plantas simbolizan ciclos, crecimiento y transformación, pero también fragilidad. Me atrae esta dualidad. Un pétalo puede parecer casi ingrávido, pero conlleva un significado ligado al tiempo, la vida y el cambio. Estas formas ayudan a mantener el equilibrio entre presencia y ligereza.

El color como aire en lugar de sustancia.
En los carteles etéreos, el color se comporta de manera diferente que en composiciones más realistas. No define los objetos, sino que los rodea. Los tonos se funden entre sí, los bordes se disuelven y los contrastes se suavizan. Aquí, el color se asemeja más al aire que a la materia. Crea atmósfera en lugar de estructura. Esto permite que la imagen se sienta expansiva, como si no estuviera limitada por sus propios contornos.
Un espacio que se niega a asentarse por completo.
Los carteles etéreos existen en un estado que se resiste a la estabilidad. No fijan el significado ni se resuelven visualmente por completo. En cambio, mantienen una tranquila apertura. No pretendo crear algo distante o abstracto, sino algo que refleje un tipo de percepción diferente: una más lenta, menos definida, más intuitiva. La imagen se convierte en un espacio donde el peso se reduce y donde la presencia se siente sin ser comprendida del todo.