Por qué las flores se convierten en presagios en mi obra
Cuando las flores aparecen en mis dibujos, nunca son una decoración neutra. Trabajo con ellas como portadoras de señales. No señales que predigan el futuro en sentido literal, sino señales que revelan lo que ya se está formando bajo la superficie. En mi obra, las formas botánicas se comportan como presagios porque las plantas siempre se han interpretado así en todas las culturas: como indicadores sutiles de tiempo, preparación y estados internos. Una floración, una mutación, un pétalo reflejado, a menudo dicen más que una frase hablada.

La flora sagrada y el lenguaje de los signos
Históricamente, las plantas han funcionado como mensajeras mucho antes de convertirse en motivos. En el folclore eslavo, en las tradiciones herbáceas mediterráneas, en los bestiarios y grimorios medievales, las plantas se interpretaban como indicadores morales, espirituales y emocionales. Algunas flores advertían, otras protegían, otras marcaban umbrales entre mundos. Me atrae esta forma de ver la flora como participantes activos en lugar de símbolos pasivos. En mis dibujos, las flores heredan este papel. No ilustran mitos. Se comportan míticamente.
Flores míticas como profecía emocional
Las flores que dibujo rara vez se asemejan a especies reales. Se estiran, se repiten, mutan y se reflejan a sí mismas. Esto es intencional. Las flores míticas no existen para ser identificadas. Existen para ser tocadas. Su simetría exagerada, sus colores antinaturales y sus patrones de crecimiento imposibles las convierten en pronósticos emocionales. No son predicciones de eventos, sino indicios de un movimiento interno. Algo está madurando. Algo se está dividiendo. Algo se está sosteniendo.

Simetría, reflejo y lógica del presagio
Muchas de mis composiciones botánicas se basan en la simetría y el reflejo. Esto no es equilibrio decorativo. Es una señal estructural. En la lógica popular, la repetición suele marcar importancia. Cuando una forma aparece dos veces, llama la atención. Las plantas reflejadas sugieren momentos de alineación o confrontación, cuando los estados internos y externos se reflejan mutuamente. Aquí es donde entra la lógica del presagio. La imagen no grita. Se repite silenciosamente hasta que se reconoce.
El color como atmósfera profética
El color juega un papel crucial en el funcionamiento de estos presagios botánicos. Los verdes ácidos, los rojos sangre, los azules nocturnos y los rosas luminosos no funcionan solo como elecciones estéticas. Crean un clima emocional. Una flor roja en mi obra no advierte de peligro en sentido literal, pero sí indica presión, calor o intensidad que no se puede ignorar. Los verdes pálidos y los lilas sugieren sensibilidad o transición. El color se convierte en el tono con el que habla el presagio.

La sabiduría de las plantas más allá de toda explicación
No me interesa explicar el significado de cada flor. Ese tipo de decodificación aplana la experiencia. La sabiduría de las plantas funciona de otra manera. Se acerca más a la intuición que a la interpretación. No se analiza un presagio. Se registra. En mis dibujos, las formas botánicas a menudo resultan familiares sin ser reconocibles. Esta familiaridad proviene de la memoria corporal más que del conocimiento. Conocemos las plantas como sistemas vivos que responden al tiempo, la luz, el daño y el cuidado. Mis flores transmiten esa misma inteligencia.
Las flores como testigos, no como decoraciones
En muchas de mis piezas, las flores funcionan como testigos. Rodean figuras, reemplazan rostros o se convierten en entornos. Esta posición es importante. La planta no es un accesorio de la presencia humana. La observa, la registra y, a veces, la sobrepasa. Esto refleja cosmologías antiguas donde la naturaleza no era un segundo plano, sino una fuerza moral y espiritual activa. El presagio no pertenece solo a la flor. Pertenece a la relación entre el cuerpo, la planta y el espacio.

La mutación y el presagio del cambio
La cualidad ligeramente inquietante que presentan algunos de mis dibujos botánicos proviene de la mutación. Los pétalos se multiplican. Las raíces se comportan como venas. Las flores se asemejan a órganos u ojos. No se trata de una conmoción. Se trata de señalar el cambio. En la mitología y el folclore, las mutaciones suelen aparecer antes de la transformación. Marcan inestabilidad, pero también posibilidad. Una flor mutada sugiere que algo ya no sigue el patrón anterior. Eso, en sí mismo, es una profecía.
Por qué los presagios parecen tranquilos en lugar de dramáticos
Los verdaderos presagios rara vez son estridentes. Aparecen en la repetición, la coincidencia y la sutil desviación. Por eso mi imaginería botánica tiende a parecer contenida en lugar de explosiva. La profecía está arraigada, no anunciada. La percibes lentamente. Permanece contigo. Esta lentitud es importante para mí. Respeta el funcionamiento real de la intuición, mediante la acumulación en lugar de la revelación.

El espectador como participante del presagio
Mi obra no transmite un mensaje definitivo. Establece una condición. El presagio se completa a través de la atención del espectador. Lo primero que percibes, lo que te inquieta o te atrae, se convierte en parte de la lectura. Por eso considero estos presagios florales más que símbolos. Los símbolos apuntan hacia afuera. Los presagios activan una respuesta interna.
Presagios botánicos como mito contemporáneo
En un mundo saturado de datos y explicaciones, me interesa recuperar una forma más serena de conocimiento. Los presagios botánicos lo permiten. Incorporan la lógica mítica al lenguaje visual contemporáneo sin nostalgia. Estas flores no pertenecen al pasado. Pertenecen al momento presente de sentir, reconocer y adaptar.
Para mí, dibujar flores míticas es una forma de escuchar. Cada pieza es menos una declaración y más una señal abierta. La profecía no se trata de lo que sucederá. Se trata de lo que ya pide ser visto.