Arte que se siente como la lógica de los sueños y la ilusión

Donde la lógica se suaviza en otra cosa

Siempre me han atraído las imágenes que no siguen reglas claras, pero que aún se sienten internamente consistentes. Hay un tipo de lógica que no pertenece a la razón, algo más cercano a la forma en que los sueños se organizan sin necesidad de explicación. El arte que se siente como lógica onírica e ilusión existe en ese espacio, donde la estructura está presente, pero no es racional. Recuerdo este sentimiento desde la infancia, en esos momentos justo antes de conciliar el sueño, cuando los pensamientos comenzaban a reorganizarse en algo desconocido pero aún coherente. Esa experiencia temprana nunca me abandonó realmente, solo se convirtió en algo que pude reconocer con mayor claridad con el tiempo. El arte que se siente como lógica onírica no elimina el significado, sino que cambia la forma en que se forma el significado.

La ilusión de la coherencia

En muchas tradiciones visuales, la ilusión se ha utilizado no solo para engañar la vista, sino para cuestionar cómo funciona la percepción misma. El arte que se siente como lógica onírica e ilusión a menudo se basa en este principio, creando imágenes que al principio parecen estables, pero comienzan a disolverse bajo la atención. La ilusión no se rompe; simplemente revela que nunca estuvo fija. Vuelvo a esta idea en mis dibujos, donde las formas parecen conectadas, pero no de una manera que pueda explicarse completamente. La composición se mantiene unida, pero su lógica permanece fuera de alcance. Esto crea una sensación de coherencia que se siente más que se entiende.

Entre la realidad y la invención

Lo que define el arte que se siente como lógica onírica es la forma en que se mueve entre la realidad y la invención sin separar claramente las dos. Los objetos pueden parecer formas familiares, pero su contexto cambia, alterando su significado. Esto crea un espacio donde el reconocimiento y la imaginación se superponen, haciendo difícil ubicar dónde termina uno y comienza el otro. Siempre me ha interesado este tipo de ambigüedad, donde las imágenes no pertenecen del todo a un mundo. En mi trabajo, a menudo construyo composiciones que se sienten arraigadas e inestables al mismo tiempo, lo que permite al espectador moverse entre interpretaciones sin conformarse con una.

Sistemas simbólicos sin significado fijo

Los símbolos en el arte que se siente como lógica onírica e ilusión rara vez funcionan de manera estable. Aparecen, se transforman y reaparecen, creando un sistema que se siente consistente pero nunca completamente definido. Esto refleja la forma en que los sueños usan los símbolos, no como signos fijos, sino como elementos cambiantes que se adaptan al contexto. En mis dibujos, a menudo vuelvo a motivos recurrentes, pero no tienen un único significado. Una flor, por ejemplo, puede sugerir crecimiento, transformación o algo más ambiguo dependiendo de cómo se coloque. Esta fluidez permite que la imagen permanezca abierta, resistiendo una única interpretación.

Ecos culturales de los estados oníricos

En diferentes tradiciones culturales, los estados oníricos a menudo han sido tratados como espacios de conocimiento en lugar de confusión. Desde narrativas simbólicas hasta visiones espirituales, los sueños se han utilizado para acceder a significados que no pueden alcanzarse a través de la lógica ordinaria. El arte que se siente como lógica onírica e ilusión se conecta con esta perspectiva, no ilustrando los sueños directamente, sino adoptando su estructura. Me atrae este linaje, especialmente en obras que no se explican a sí mismas, sino que crean una condición en la que el espectador tiene que entrar. La experiencia se vuelve menos sobre la comprensión y más sobre el ajuste de la percepción.

Cuando la ilusión se convierte en una forma de ver

En cierto punto, el arte que se siente como lógica onírica deja de ser una ilusión como efecto y se convierte en una forma de ver. La imagen no presenta una realidad alternativa; revela que la percepción misma ya es inestable. He llegado a reconocer que este tipo de inestabilidad no es un defecto, sino una posibilidad. En mi trabajo, trato de construir imágenes que no se asienten en la certeza, que permanezcan ligeramente abiertas incluso cuando parecen completas. Esta apertura permite que la imagen continúe más allá de sí misma, que cambie dependiendo de cómo se perciba. Se convierte menos en un objeto y más en un proceso que continúa en la mente del espectador.

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